Toda emoción verdadera es mentira en la inteligencia, pues no se da en ella; toda emoción verdadera tiene por tanto una expresión falsa. Expresarse es decir lo que no se siente.
Fernando Pessoa

jueves, octubre 21, 2010

TEMPUS FUGIT



La humanidad siempre ha fantaseado con poder viajar a través del tiempo. Quién no ha tenido alguna vez la curiosidad de ver eclosionar el huevo de un dinosaurio; tocar el talón de Aquiles; compartir con Cleopatra su baño en leche de burra; dejarse seducir por Lord Byron; asesinar a Hitler en su cuna; ir de paquete en la moto del Che; o viajar más allá de todo el mundo conocido a bordo del Halcón Milenario.

Más de un ilustrado ha viajado, viaja y viajará en el tiempo con la razón, la imaginación y la inteligencia. Seguramente se podrá armar de valor para ahondar en las claves del nacimiento del Universo. Incluso ser osado y asomarse en el momento justo de la muerte del último ser humano. Pero simplemente es una utopía intelectual.


Por suerte o por desgracia, el viaje a través del tiempo hace algunos años que dejó de ser un secreto a voces. Y todo gracias a un artilugio que aprovecha las líneas temporales cerradas que nos permite viajar por el universo espacio-temporal a nuestro antojo. Wells, en honor al escritor de la novela ‘The Time Machine’, es el nombre de este artefacto y fue inventado por Sebastián Gómez Rimbau.

Sebastián Gómez Rimbau fue un científico español que en su tiempo libre, que era mucho por ser parado y becario ocasional, profundizó en todas las teorías hasta entonces conocidas sobre el posible viaje físico–cuántico–relativo-temporal. Cuando Sebastián Gómez, en una tarde lluviosa de octubre, desenmascaró el secreto del viaje físico–cuántico-relativo-temporal, comenzó su verdadero calvario, mayor que el que bien conocía del INEM. Primero tuvo que convencer a toda una escéptica, gregaria y sarcástica comunidad científica, después a los gobiernos más poderosos para que avalaran su proyecto, y por último a las multinacionales y entidades financieras más solventes para que invirtieran en la construcción de la máquina del tiempo.

Fue el Gobierno español, en un arrebato de patriotismo recuperado del S. XVI y de las victorias de su selección de fútbol, y respondiendo al agravio que ocasionó al científico por tantos años de destierro profesional, quien financió el artilugio del sabio e inventor español y catalán de emigrantes andaluces. Pero ya era demasiado tarde para Sebastián Gómez que moría prematuramente a causa de un lupus eritematoso sistémico producido por tanto estrés.

De esta desafortunada manera nacía en el más absoluto secreto el ‘proyecto Wells’, cuya patente, en manos del Gobierno español, fue comprada inmediatamente por una alianza de multinacionales chinas y estadounidenses que desembolsaron una gran suma de dinero, repercutiendo positivamente en la maltrecha economía española que por fin podía salir de su desaceleración económica (más conocida por cualquier profano como grave crisis económica).

Construida la nave sólo faltaba el héroe que pudiera pilotarla y ser los ojos, oídos y olfato, de la humanidad en las cercanas exploraciones. Y no faltaron candidatos, pero sólo un hombre en la tierra pudo pasar todas las exigentes pruebas para ser capaz de tal hazaña. Un héroe con las suficientes agallas para introducirse en la diminuta cápsula de deonio impulsada por un motor Warp de reacción antimateria que lo propulsaría, como un yoyo, en el tiempo.

Poco ha trascendido a la opinión pública de la identidad y características psico-físicas del temperonauta, pero dicen que es un hombre muy amigo de sus amigos, con una salud mental y física a prueba de tiempo, sudor frío y de pólvora (lo de la pólvora me da que pensar que pudiera ser valenciano y de Paterna). Sí se sabe, que es un capitán de la aviación apodado James T. Kirk. Nombre no muy rebuscado y que más bien parece una broma de vodevil barato, pues como sabe todo dios este es el nombre del famoso capitán de la nave Enterprise de la serie Star Trek. Pero atendiendo a la realidad, Kirk es de carne y hueso del bueno y duro, como diría mi madre del bueno para hacer cocido; pero como nada se sabe de su identidad, pues todos lo llaman Kirk a secas y es, sin duda, la persona más importante e influyente del S. XXI.


Sin embargo la historia parece estar escrita a golpe de desgracia. Desde el 11-S nunca una noticia había conmocionado tan negativamente a todo el mundo. Hoy, todos los medios de comunicación se han despertado con la noticia de que el temperonauta Kirk nunca más volverá a viajar a través del tiempo y que se niega a contar todo lo que ha visto en sus exploraciones. Según Kirk, los motivos de su dimisión son:‘qué no puede seguir viajando por falta de tiempo’.

2 comentarios:

Ophelia dijo...

Y ahora... ¿A qué dedicas tu tempus libre?
Un bico, Jose.
María.

José Vicente dijo...

Estar en el paro es una putada. Especialmente porque el tiempo no tiene el mismo valor que cuando curras. Vamos que estoy jodido pero intento superarlo. ¿Ahora comprendes lo del tempus fugit?
Un beso que sigo escvribiendo pero con calma. Tengo dos historietas a puntito de horneado.