
Fotografía de Christie Hemm
Pasó la noche con sus pesadillas que ayudan a germinar los brotes de la inconsciencia. La mañana nació triste, como suele hacerlo cuando los tiempos son de vino amargo. Pero nada mas apoyar su pie en el suelo notó que algo era diferente, un ‘no sé muy bien’ que se palpaba en el aire. Abrió el cajón de su ropa interior y no encontró calzoncillo alguno, tan solo un alma herida. El alma de un hombre vulgar, ¡vulgar como es la vida misma!
Desayunó rencor y tristeza con galletas de vida ajena y mala leche. Y defecó la podredumbre de la espera incierta y vital; diarrea de soledad compartida en redes sociales y noches de putas.
El día triste se reveló como la única verdad, quizás esa verdad que el mortal se niega a aceptar y que los héroes de Troya intuyeron antes de morir para poder ascender a la categoría de héroes.
Pero algo olía mal, además de la mierda que terminaba de cagar. Y olía mal porqué encontró el alma de un hombre que amó. Un hombre que imploró. Qué lloró invocando a los dioses que su madre le volviera a parir para no volver a cometer los mismos errores.
Era, sin duda, un trozo de carbono en forma de carne inerte y mezclado a partes iguales con un alma doliente que pretendía huir a un paraíso fiscal, natural, o, artificial. Era un hombre que gritaba sin cesar: ¿mamá... por qué ella tan sólo sabe darme amor en calderilla? ¡Era un coñazo de hombre!
En definitiva, lo que le ocurrió a ése hombre nada más levantarse, es que buscó en el cajón de la mesita de noche y no encontró muda alguna.
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3 comentarios:
Me ha gustado leerte. Menudo personaje..., y pensar que existen de verdad y yo conocí a uno así.
Bico.
Creo que todos somos algo parecidos al personaje, si no todo el día en breves momentos. Claro, que sí lo es todo el día pues es un coñazo de hombre.
Besos
Creo que todos somos algo parecidos al personaje, si no todo el día en breves momentos. Claro, que sí lo es todo el día pues es un coñazo de hombre.
Besos
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