
El zar Pedro I el Grande al conocer la infidelidad de su amante, lady Hamilton, la mandó decapitar. Cómo sentía ‘que aún estaba enamorado de ella’, conservó su cabeza en un frasco de alcohol que guardó en su dormitorio como recordatorio y aviso para el resto de sus muchas amantes.
Cuando descubrió que su segunda esposa, Catalina, le era infiel con su caballero de cámara, William Mons, inmediatamente ordenó que este fuera decapitado, pasando su cabeza a formar parte de tan macabra colección.
Dicen los psicólogos, que la violencia que desata los celos tiene que ver con el poder, procurando a los hombres una inigualable sensación de dominio y control a prueba de masculinidad.
Pedro I el Grande murió entre las cuatro y las cinco de la mañana del 28 de enero de 1725 a los 52 años de edad. La autopsia no dejaba duda alguna, su vejiga estaba gangrenada; consecuencia de su masculinidad.
2 comentarios:
Fijate tú que colección, para que luego se metan conmigo y mis colecciones raras.
Tu post me ha recordado la violencia de genero. Mira que no hubo reyes que se cargaron a sus esposas, amantes o amigas. Claro que tambien hubo alguna reina que se las traia.
Me gusta que estes de vuelta (espero que bien ya) y el nuevo loock que le has dado al blog.
Cuidate, amigo.
Este post quiere que se reflexione sobre la violenta masculinidad del hombre. Evidentemente nos remite a la violencia de género que ejerce el hombre sobre la mujer.
Un saludo y espero que no colecciones cabezas o amantes desdichados.
Besos
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