
En un viaje que realicé por Turquía y, más concretamente, durante la travesía en el barco que cruza las aguas del Mar de Mármara, un viejo marinero me contó una vieja historia de amor ocurrida en los tiempos en el que el mito y la leyenda eran parte importante de la vida de los hombres. Hoy por desgracia el mito y, más concretamente el misterio, han desaparecido de nuestras vidas, y el hombre contemporáneo ha dejado de creer que existan historias verdaderas como la que me contó aquel viejo marinero.
Ocurrió en tiempos remotos, cuando los moradores del desierto eran dueños y señores junto con el viento y la arena del todo el Sahara. Un líder de una importante tribu se hizo famoso por su imparcialidad, su fuerza física y hermosura, pero preocupaba su linaje pues no creía en el amor y sin amor no podía haber sucesión según sus principios. Decía que el amor era una excusa para no vivir solo, para alimentar el ego y tranquilizar a los viejos. Repetía una y otra vez que el amor era invento de poetas frustrados y propaganda de los franceses. Y zanjaba toda posible discusión asegurando, con tono brusco, que el amor era una quimera pues nunca resulta.
Una mañana de mayo llegó con la caravana a una excavación situada al sur del Atlas. Se sorprendió al ver trabajar duramente a una joven pelirroja arqueóloga que resultó que tampoco creía en el amor.
Pronto nació una sincera amistad entre los dos. Y una calurosa tarde se sentaron a la sombra de la haima para saborear un refrescante té de hierbabuena y charlar un rato. Durante la conversación surgió el tema del amor. Ella le comentó, mirándolo fijamente a sus ojos negros, que la pasión entre dos sólo podía deberse por la necesidad natural de mantener relaciones sexuales. Él se sonrío y ambos terminaron riéndose a carcajadas.
Las visitas se hicieron más asiduas. Hasta que una noche fría de noviembre se les hizo demasiado tarde para volver al campamento, refugiándose por necesidad en una cueva debido al fuerte viento del Siroco. En aquella solitaria cueva, en la que algún antepasado lejano dibujó peces, se sentaron muy juntos a la luz de la lumbre, y ambos incrédulos no pudieron evitar acercar sus labios lentamente hasta fundirse por completo y acabar irremediablemente haciendo el amor.
La tormenta de arena cesó, y un poco antes del alba él se marchó con sumo cuidado para no despertar a la mujer pelirroja. Mientras cabalgaba en dirección al sol, qué despuntaba sobre el suave perfil de las dunas, pensó que todo había sido fruto de los Jinnis y que lógicamente no podía ser real lo que esa noche había vivido.
El tiempo transcurrió implacable y nunca más se volvieron a ver; seguramente porqué no creían en el amor. Pero tres años más tarde otra tormenta de arena arrasó con todo lo que se puso a su alcance; borrando los límites invisibles del desierto; erosionando la memoria; enterrando vidas. Cuando la tormenta cesó, quedó al descubierto una vieja ciudad de piedra, y entre las ruinas: una libreta de notas. Acudieron de inmediato arqueólogos y tribus cercanas para cerciorarse del hallazgo. Elucubrarón largo y tendido sobre el nombre de la posible ciudad perdida descubierta por el viento, y estudiaron la misteriosa libreta. Entre multitud de dibujos y anotaciones técnicas hallaron una inexplicable frase escrita en la última página que profundizaba, aún más, en el misterio. Se podía leer claramente: – nunca te olvidaré amor, aunque los besos se los lleve el viento –.
- Los Jinnis son, según la leyenda musulmana, espíritus capaces de adoptar formas humanas o forma animal y ejercen su influencia sobrenatural en las personas.
3 comentarios:
¿Reeditando?
Desde luego que ha ganado mucho el relato.
Bicos.
Sí, es un relato escrito en un momento muy triste de mi vida. Me juré no hablar de desamores y cosas así, pero ya ves... Bueno la situación es diferente y creo que tengo fuerzas de sobra y la vida parece tener un color diferente.
Gramáticamente y en cuanto a estilo, el relato está mucho mejor; es lo que tiene dejar reposar las letras y reescribirlas.
Un beso.
Me ha encantado... la historia, la canción...sigue reinventando-te
Un beso
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