
Era viernes de carnaval, ese día en el que algún que otro sueño se convierte en realidad. Era viernes y, además, en un paraíso lejano y tropical; posiblemente el sueño de muchos mortales y muertos vivientes, o la envidia del inmortal.
Por mucho esfuerzo que hiciera, no recordaba que sus ojos felinos hubieran brillado con tanta nitidez como lo hacían en aquel antro decorado de falsa apariencia elegante; era, sin duda, un lugar y un momento disfrazado de hedonismo, como todo reprimido pensamiento humano.
Pasaron unos tragos más de vodka y el éxtasis frenó el tiempo y rompió en mil pedazos la máscara. Nos escabullimos entre el bullicio y nos refugiamos en un trastero o algo parecido. Nos desnudamos parcialmente, despojándonos del disfraz. Ella comenzó comiéndome la polla, yo hice lo propio y le metí la lengua hasta el fondo, moviéndola con energía hasta sentir dolor y quedarme sin saliva. Nos embadurnamos de aceite lubricante que había traído, pues nada es inocente. Nuestras mentes comenzaron ha resbalar impunemente, sin cuestionamiento alguno. Con la voz agitada le pedí permiso y aceptó. Lubriqué su ano e introduje el dedo índice suavemente, luego el anular y varios más. Inmediatamente sentí que su esfínter si dilataba irremediablemente. Mientras tanto, y sin mediar palabra, agarró mi pene y se lo metió en el coño; cabalgaba mejor que John Wayne en Centauros del Desierto. El movimiento de sus caderas era de tal precisión que no tardó en gemir de placer, mientras mis dedos seguían indagando en el agujero caliente de su culo. Unos segundos más tarde y ella se corrió. Excitado y, loco como un loco, la tumbé y le levanté las piernas, quedando su ano a merced de las olas. Lubriqué aún más mi polla y le penetré, suavemente, hasta que vi que podía ser más brusco y comencé a mover mi pelvis salvajemente. Pensé: ‘por fin anal, anal… un sueño de macho pornográfico hecho realidad’.
Cuando comencé a tener espasmos y mi semen pedía paso, ella se giró y metió de forma certera sus dedos en mi culo… – uffff– grité. Y la estancia se iluminó, mi semen regó su pubis y caí rendido, pero feliz, sobre su torso.
Cuando nos fuimos el sol nacía nuevamente, los pájaros piaban, el día amanecía, nuestros culos sentían cierta molestia y, como siempre, nuestro presente se puso de nuevo la máscara.
2 comentarios:
Desde luego, un aquí te pillo aquí te mato; el sueño del macho pornográfico hecho realidad. Pero, Jose, eres un cachondo: ¿A dónde vas colgando esa imagen? Mira que el tal Franck no tenia otras más ponitivas para poner y adornar el relato.
Ahora en serio. La imagen elegida, la descripción del escenario, el mascachapas, John Wayne cabalgando como en Centauros del desierto… y nuestro presente se puso de nuevo la mascara, hacen de este relato que sea mucho mas que original.
Un bico.
Gracias por la crítica. Cachondo soy, pero mucho, vamos.. creo que es lo único de lo que estoy seguro que soy.
Si este es un relato que en tiempos de Mozart hubieran llamado 'divertimento'. No pretendo más que hacer sonreír y demostrar que el hombre si que tiene todos los elementos para disfrutar con el sexo anal (cerquita de la próstata y esas cosas).
Em fin, seguimos en contacto.
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