Toda emoción verdadera es mentira en la inteligencia, pues no se da en ella; toda emoción verdadera tiene por tanto una expresión falsa. Expresarse es decir lo que no se siente.
Fernando Pessoa

domingo, abril 18, 2010

BOCETO DE UN EXILIO


Paseando por la vieja Barcelona, de repente, escuché el sonido de un instrumento desconocido que atrajo mi curiosidad. Con el tiempo supe que se trataba de un instrumento de cuerda milenario de la antigua China llamado banhu.

Recuerdo que era sorprendente como la música que emitía chocaba contra las góticas piedras que componían aquel laberíntico trazado que antaño fue una ciudad invisible. Las melancólicas notas reverberaban con delicadeza, como por arte de magia, penetrando directamente en las vísceras de todos los atónitos turistas que dejaban descansar sus cámaras fotográficas. Por un momento, el ingles, el francés... y hasta el nativo, se trasladaba lejos, muy lejos, hasta el mismo centro del origen de las emociones y no muy lejos del de la violencia.

Delicadamente la maestra arrastraba el arco sobre las cuerdas del banhu, qué lloraba melancolía y belleza. De vez en cuando levantaba la mirada perdida y volvía por un instante a la realidad, gracias al sonido del metal transformado en limosna. Con un gesto, mezcla de agradecimiento y sumisión, que retrataba su infancia, agradecía el aplauso y la limosna del público nómada. Volvía a cerrar los ojos y seguramente viajaba a otro tiempo pasado cuando era componente de la Orquesta Tradicional de China. Ahora, exiliada, se sentía viva, más viva que nunca, deseando que alguna primavera los crisantemos de su niñez agradezcan las suaves y románticas notas que exhala su banhu. Allí me quedé observando y escribiendo esta historia en una hoja de periódico.

Al final de la tarde, cuando el sol mediterráneo da paso a la húmeda noche catalana, la bella instrumentista oriental recogió su única pertenencia, su memoria y su amor; imaginé que tenía pareja, alguien con quien compartir la desdicha y la libertad, posiblemente un hombre que la esperaba en el ruinoso domicilio, que algunos vecinos llaman casa patera. Y estoy seguro de que al menos un hervido de patatas esperará en la mesa. Y también creí, que en la solitud aterciopelada de la noche, la pareja y su banhu, encontraran el amor en algún rincón donde la intimidad, más que nunca, sea soledad compartida.


Un poco más tarde, cuando pasaban tres horas de la medianoche y regresaba a casa después de ingerir unas cuantas copas en buena compañía, desandaba el camino del día y me sorprendí al volver a escuchar en la esquina de la calle Paraíso las notas delicadas del banhu, los gemidos de placer de dos amantes, los lloros de una mujer a miles de kilómetros y un certero disparo en la sien.


BSO Tigre y Dragón. The Eternal Wow. Tan Dun


2 comentarios:

Ophelia dijo...

Donde yo vivo vive un chavalito que con su clrinete nos ameniza cada atardecer.
La verdad, es que seguro a mas de uno al escucharlo se ha puesto de los nevios.
Yo, cada vez que ha conseguido dominar una nota, lo aplaudo aunque ya piense en si logrará vencer la siguiente.
Es primavera, época de empezar a abrir puertas y ventanas. La calefaccion se apaga y es bueno que otra vez nos calienten los sonidos y olores que vienen de afuera.
Y sé que, como Lisa con su saxo, el chaval no me defraudara, y que se jodan los vecinos.
Me ha gustado tu historia.

José Vicente dijo...

Ophelia, hablas de belleza, sensibilidad, justicia y tolerancia, parámetros que escasean en nuestro país (y del resto). La historia de la interprete del banhu es posiblemente el relato más real de todos los que he publicado. Y de paso, me solidarizo con todos los exiliados políticos del mundo (dentro de poco habrá uno mas y se llama Grarzón).
Gracias.