
De pronto, una jodida noche,
me desvelo sudoroso
y descubro tu rostro andrógino.
Sonrío al distinguir en ti
una mueca tierna
de pura hermosura codiciosa.
Decido susurrarte confesiones
y tiemblo al pensar
que me vida sin ti
no tiene ningún sentido.
Me acurruco a tu lado
y te abrazo,
y, por fin, duermo
oyendo los tambores del Grao
que tocan a muerto.
Imaginando las llagas hipócritas
que tiñen de negro el cielo.
Pues ya es año nuevo en Persia
y las Escrituras apócrifas
adquieren todo su sentido.
Bienvenida eres
con tus flores
y tus garras.
Y abraza, por favor, mi consciencia pecadora,
masturbada por la vida,
pisoteada por la silueta del enterrador
del trovador
del asesino
y del olvido.
Abrázame,
que ya siento el fresco del río.
Desafinado, Damien Rice y Lisa Hannigan
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